Una sartén hace dos cosas con el calor: lo reparte y lo guarda. Los metales suelen ser buenos en una de las dos, así que cada material se porta un poco distinto en el fuego.
- Hierro fundido: pesado, tarda en calentarse y reparte mal el calor (la llama quema un punto y el borde queda pálido). Lo suyo es la masa: una vez caliente, se mantiene caliente cuando entra carne fría. Para sellar y para el horno.
- Acero al carbono: un metal parecido, laminado más fino, así que pesa menos que el hierro fundido y se calienta y se enfría antes. En los restaurantes se usa para tortillas y para sellar.
- Acero inoxidable: no se oxida, no reacciona con los ácidos y va al lavavajillas. Solo, conduce mal el calor, por eso las buenas sartenes llevan un núcleo de aluminio.
- Curado: el hierro y el acero al carbono sacan su antiadherente de aceite cocido sobre el metal hasta formar una película lisa. Puedes quitarla y rehacerla cuantas veces quieras, y por eso estas sartenes duran.
- Cuidado: sécala en el fuego, pásale un velo de aceite y no la dejes en remojo. Las salsas largas de tomate o vino desgastan el curado: para eso, inox.
- Inducción: valen las tres.
Si vas a empezar con una sola sartén para todo menos salsas, elegiríamos el acero al carbono: más ligera, y mejora con el uso.
Si prefieres no curar nada, una sartén antiadherente es una opción razonable, siempre que la cambies cuando el recubrimiento se desgaste. America’s Test Kitchen calcula de tres a cinco años con un uso cuidadoso.
El hierro fundido es para sellar y hornear, y para todo lo que pasa del fuego al horno. Calienta de forma desigual, así que dale entre cinco y diez minutos en un fuego de su tamaño.
En 2024 la alemana ÖKO-TEST probó sartenes de hierro fundido con ácido cítrico: tres de seis sin recubrimiento liberaron metales por encima de los valores orientativos, no vinculantes, del Consejo de Europa. Los resúmenes gratuitos no nombran ni Lodge ni Skeppshult, así que no sabemos cómo les fue; un motivo más para no hacer en ellas guisos ácidos largos.
El acero al carbono pide los mismos cuidados que el hierro fundido y te da una sartén más ligera. Los primeros huevos se pegan. Tras unos cuantos usos se vuelve lisa, y America’s Test Kitchen comprobó que las más lisas llegan antes. También vio que las gruesas se deforman menos; aun así, el acero se alabea si lo pasas caliente al agua fría, así que déjalo enfriar.
Las dos llevan un núcleo de aluminio en el fondo, la forma habitual de que el acero reparta el calor. America’s Test Kitchen comprobó que las sartenes con aluminio hasta arriba de las paredes cocinan mejor que las que lo tienen solo debajo. El inox no es antiadherente: precalienta, añade la grasa, luego el alimento y deja que se despegue solo. A cambio, va al lavavajillas y los restos tostados que quedan en la sartén se convierten en la salsa.
Los bordes bajos e inclinados dejan meter la espátula bajo la crepe, y el acero fino responde rápido al fuego. También se usa para huevos, salchichas y algún filete.